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revolución
19/01/2015

Entre tantos millones de seres pensantes, muchos de ellas, personas creativas y preparadas, cunde la sensación de que no somos capaces de encontrar una solución a tanta miseria, de paliar el dolor de muchos que lo han perdido todo, con la desesperanza que nos impide actuar con capacidad de reacción ante los acontecimientos que nos han marcado en años de desgaste.

Incapaces, sorprendidos, los ciudadanos vimos llegar esta tormenta perfecta y quedamos a la espera de las órdenes de nuestros líderes. Años de contención, se nos pedía. Años de dificultad. Pasivos y obedientes, hemos visto desaparecer un modelo de vida y nos sentimos incapaces de asumirlo porque siempre vivimos en la abundancia. Realmente, no estábamos preparados para esto.

Esa vida que conocimos ya no volverá. Debemos luchar, trabajar, soñar, imaginar otra forma  de vivir. Debemos aprovechar todo esto para tomar una decisión de la que dependerá nuestro mundo. Hemos hecho que este planeta sea irreconocible. Tenemos que recuperar el humanismo de un mundo desaparecido, superando las dificultades, volviendo a sentir que la vida lo es todo.

Este cambio tiene que venir generado desde lo esencial y no se puede conseguir con una ley, con una acción puntual inmediata. Tendrán que pasar años para que consigamos mejorar,porque tendrá que ser la puesta en marcha de un plan de muy largo recorrido, implementado desde edades tempranas, desde los centros educativos de todo el país, lo que provoque la detonación de un cambio transformador y generador.

Entre tantos desconcertados, hay algunos que no se han doblegado porque tienen la certeza de que vivirán una revolución que lo transformará todo: la Revolución en la Educación. Porque será aquí desde donde reconstruiremos nuestro mundo, formando en valores, nuevos modos de asumir el desafío de vivir, recordándonos la importancia de todos y cada uno de nosotros, donde no podemos aspirar a mejorar las cosas que nos afectan cuando muchos sufren a nuestro lado. La Educación asumirá el mando y servirá para reconstruir las zonas destruidas de nuestro presente.

Esta Revolución educativa debe mirar por el conocimiento, pero también debe aspirar a que nuestros hijos sepan aplicarlo a la vida, con respeto por cada hermano, comparta o no sus ideas; con pasión por todo cuanto forma este mundo rico y prolífico; con solidaridad por el dolor ajeno (-nunca es ajeno-); con entusiasmo por lo desconocido, por lo desafiante, por lo incierto; con la humildad de escuchar a los mayores; con la alegría de vivir cada instante por ser único e irrepetible.

¿Cómo será la Educación de mañana? Lo que estudiarán nuestros hijos dentro de muy poco, aún es nuevo para nosotros. Con muchísimas profesiones desconocidas, aún por inventar, destinadas a ese mundo que acelera su transformación, desde las tecnologías, el envejecimiento de la población, la gestión de nuestras emociones, los miedos…, profesiones cambiantes, mutantes, laxas, con nuevos modos para desempañarlas. Donde serán muy importantes las materias impartidas desde las Matemáticas y la Lengua, el Conocimiento del Medio y las Ciencias, pero más necesario será entender para qué nos sirve este saber, cómo usarlo y llegar hasta él.

Cambiará el informe PISA, porque cambiarán los enunciados de sus indicadores. Este informe llegará hasta el centro de los valores humanos que se deben levantar dentro de los corazones que se están formando en la vida. Será tan imprescindible la comprensión lectora, como la emocional. Será tan determinante el mundo de los números como el de la imaginación.

¿Qué conocimiento se impartirá en la Universidad cuando llegue mi hijo a ella? La Universidad tendrá que ser motor del cambio para esta Revolución. Ayudando a la gestión del talento, podrá conformar todo un espacio donde ayudemos a construir personas, no solo profesionales y trabajadores expertos, los futuros mediadores de este cambio de paradigma. Hoy se empieza a demandar nuevas responsabilidades en las empresas que requieren nuevos expertos, como gestores del tiempo, analistas de datos y de información, personas capaces de encontrar luz en el caos, o a comandar proyectos imposibles por el placer de invertir nuestro conocimiento en ellos; la nueva Universidad debe abrirse a la vida, no puede vivir de espaldas a una sociedad que grita desesperadamente pidiendo ayuda. Materias que vendrán a amplificar los valores humanos, la capacidad de sinergia con los otros, la creatividad extrema, la imaginación sin límites, la autocapacidad, el esfuerzo como elección para descubrir, el fracaso como fuente de inspiración y el alma de todo cuanto supone nuestro esfuerzo. Y todo ello, desde las Matemáticas, la Ingeniería, la Arquitectura, la Medicina, la Química, las Humanidades, el Diseño y el Arte, así como todas esas especialidades que siempre nos acompañaron desde que somos sociedad, desde que somos Cultura. No será tan relevante el conocimiento de lenguajes tecnológicos, ni los idiomas, porque de todo eso se encargarán los instrumentos vehiculares, lo relevante será gestionar el conocimiento, qué hacer con él, dónde emplearlo, cómo amplificarlo. Será, en definitiva, una Universidad emocional.

Esta tribuna quiere ser portadora de buenas noticias. Esta Revolución la conoceremos muchos de nosotros porque se está generando en este instante, en algunas clases de universidades españolas, en Barcelona, en Sevilla, en innumerables pequeños centros del humanismo, en aulas aisladas aunque la institución que las ampara ni siquiera sea capaz de entenderlo. Esta Revolución llegará muy pronto a nuestros hijos, porque sus receptores hoy, jóvenes de veintiuno, veintidós años, dentro de dos o tres años estarán desempeñando su trabajo en puestos de responsabilidad y entonces será imparable .

Si cambiamos la forma de aprender de nuestros hijos, de reorientar su talento y sus conocimientos, cambiaremos el mundo.

Mientras haya una persona que sufre, incapaz de valerse por sí misma, este modo de asumir nuestro compromiso con la vida no puede aspirar a soñar un mundo nuevo sin la aportación  de todos. Todos somos imprescindibles para una sociedad más humana, más solidaria, más justa y más auténtica. Por eso educar es el acto más importante de vivir.

Paco Pérez Valencia

CEO de La Universidad Emocional_

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