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seré político
15/01/2015

He tratado de vivir con honestidad, tal como siempre he visto en mis padres y mis abuelos; de soñar un mundo más justo, más solidario, más humano y más comprometido, también más bello y afectivo. En cada acción, en cada relación con las personas con las que me crucé he puesto lo mejor de mí, he mirado a los ojos de mis interlocutores siempre, he dicho la verdad aunque me costara la vida, he pasado miedo y mucha alegría; he disfrutado convidando cuanto podía, haciendo de cada día un regalo y he dado gracias por todo esto a Dios y a los hombres, a los árboles y a los niños, a la luz de la mañana y hasta a aquellos que no me querían tanto. Pero no es suficiente.

Miro a mi alrededor y el cerco se estrecha considerablemente. La desesperanza avanza y llega hasta las puertas de casa, hasta la gente que me importa. Los más cercanos me hablan sin hablar y destilan abatimiento, mucha tristeza. Los alumnos con los que trabajo han crecido en el amargo sabor del miedo, jóvenes brillantes que creen que todo está perdido de antemano, antes de salir a la misma calle al final de su vida de estudiantes y poder dar a la sociedad todo lo que pueden hacer. Los abuelos con los que tomo café cada día, a primera hora, hablan de derrota, de vacío. Salimos a combatir sabiendo de antemano que perderemos. Y no puede ser.

No puede ser. Por mi hijo, porque confía en mí; porque necesita de mi entusiasmo, de mi fortaleza, de mi pasión; porque es mi futuro y mi vida. Siempre tuve muy claro, desde niño, ahora como adulto con mis responsabilidades y mis anhelos intactos, que si el mundo no era el que deseaba debía construirlo a mi medida. Así estudié Arte, así me enamoré para siempre de una mujer a la que aún veo como la chiquita que me encantó la primera vez que la vi, así construí mi empresa en un mundo financiero hostil y así me he rodeado de personas apasionantes, intensas, despiertas y luchadoras. Pero lo que he conseguido para mí, ahora es insuficiente.

Seré político. Saltaré a la arena, al fango que tanto detestan casi todos, me arrojaré a una lucha turbadora, con el enorme sacrificio que supondrá para mi familia y para mi trabajo profesional, porque no me siento bien siendo espectador silencioso. Me dedicaré al servicio público porque no sé cómo agradecer lo que me gusta la vida. Daré lo mejor de mí a quien pueda necesitarlo sin esperar nada, porque es a mí a quien más urge despertar; lo haré desde el partido político del amor y de la rebeldía, ese que todo el mundo conoce, que se genera desde los rincones del alma, hecho de jirones de las emociones que se nos quedan adheridas; sus colores de identidad serán el rojo, el verde, el azul… aunaré en él toda la gama cromática porque la vida es un caleidoscopio siempre cambiante y fascinante. Este partido no tendrá disciplina de voto, donde podré adscribirme aquí o allí, donde mi corazón me lleve. Haré que los mercados me hundan o los surcaré orgulloso, dejando espuma blanca esperanzada tras de mí, buscando la palabra adecuada para convencer a mis oponentes, para enamorar a cuantos no pueden dejar de vivir con alma en todo aquello que creen. Recordaré a los medios de comunicación el sagrado deber de ser libres; a la Universidad, paradigma del conocimiento, que debe buscar la excelencia; a la Justicia, que nunca olvide que se dirige al individuo y por ello debe encontrar cada matiz necesario aunque tenga que encontrarlo en el infinito; a la Educación, nuestro motor, que es la mejor inversión para nuestro mañana y a la Cultura, que nos hace personas. Volveremos a recordarnos que nada está perdido y que cada día, hasta el último, será único.

Si alguna vez piensas en el final, en los que ya no están o en los que dejaremos aquí, sin nuestro calor, no puedes quedar impasible a la inacción. Quizá sea hoy el último de los días para nosotros. ¿No sería maravilloso vivir como si todo nos fuera en esas decenas de minutos?

Seré político. Perteneceré al partido de los justos, de los que se equivocan pero piden perdón y siguen intentando ser mejores, el partido de los que buscan nuevos caminos, los que sean necesarios para edificar esperanza; pediré ayuda, toda la que sea necesaria, para encontrar soluciones, para ser mejor, y espero merecer la vida que he tenido; mirar a mi hijo antes de marcharme y preguntarle si he merecido todo esto.  

Paco Pérez Valencia

CEO de La Universidad Emocional_

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